No tengo miedo a confesar que estoy escuchando el Concierto para Dos Violines en Re Mayor de Bach mientras escribo estas líneas. Tengo más miedo a saber que poca gente más lo pueda estar escuchando -sin saber lo que se pierde-. Todo lo que nos rodea es música.
Estamos inmersos en una sociedad en la que todo es de usar y tirar. Lo que se presenta como algo recóndito o enigmático es desechado automáticamente y se vende como ininteligible, escondido, arcano. La Música Clásica esta dentro de la “Lista Negra” y se ha convertido en algo poco comerciable y, por ende, poco valioso.
El apelativo “Clásica”, para quien está lejos del mundo de los pentagramas, parece connotar aburrimiento y bostezo. Sería bueno dar un giro a la concepción que hoy se tiene de este tipo de música. Un primero paso puede ser llamar a este género “Música Mágica”. La facilidad con la que transporta al receptor a nuevos mundos le da ese cariz. La Música Mágica no es algo exclusivo para oídos depurados en música; no hace falta tener conocimientos musicales para poder disfrutar de una buena obra. La música de Beethoven, Chapí o Schoenberg puede llegar a lo espiritual del mismo modo que nos recreamos observando un cuadro de Picasso, Monet o Velázquez; nos alegramos leyendo un libro de Cervantes, Cela o Cicerón; o con cualquier obra artística.
La Música Mágica es una gran desconocida en nuestra sociedad. Es una dama que vive sola y sabe que es la dueña de los corazones del mundo. Está a la espera de que llegue su amado para rescatarla de la soledad pero ningún príncipe, campesino, informático o fontanero se atreve a visitarla porque teme enamorarse para siempre. “Ánimo, –decía quien era vecino de la bella mujer- es mansa de corazón y abre sus puertas a quien se anime a visitarla”. Pero el miedo les hacía dar un paso para detrás y salían escopetados en su mundo cotidiano. Ella quedó triste y desolada para siempre porque nadie quiso probar sus encantos.
Hay mucho por hacer para que esta historia tenga un final feliz.
Estamos inmersos en una sociedad en la que todo es de usar y tirar. Lo que se presenta como algo recóndito o enigmático es desechado automáticamente y se vende como ininteligible, escondido, arcano. La Música Clásica esta dentro de la “Lista Negra” y se ha convertido en algo poco comerciable y, por ende, poco valioso.
El apelativo “Clásica”, para quien está lejos del mundo de los pentagramas, parece connotar aburrimiento y bostezo. Sería bueno dar un giro a la concepción que hoy se tiene de este tipo de música. Un primero paso puede ser llamar a este género “Música Mágica”. La facilidad con la que transporta al receptor a nuevos mundos le da ese cariz. La Música Mágica no es algo exclusivo para oídos depurados en música; no hace falta tener conocimientos musicales para poder disfrutar de una buena obra. La música de Beethoven, Chapí o Schoenberg puede llegar a lo espiritual del mismo modo que nos recreamos observando un cuadro de Picasso, Monet o Velázquez; nos alegramos leyendo un libro de Cervantes, Cela o Cicerón; o con cualquier obra artística.
La Música Mágica es una gran desconocida en nuestra sociedad. Es una dama que vive sola y sabe que es la dueña de los corazones del mundo. Está a la espera de que llegue su amado para rescatarla de la soledad pero ningún príncipe, campesino, informático o fontanero se atreve a visitarla porque teme enamorarse para siempre. “Ánimo, –decía quien era vecino de la bella mujer- es mansa de corazón y abre sus puertas a quien se anime a visitarla”. Pero el miedo les hacía dar un paso para detrás y salían escopetados en su mundo cotidiano. Ella quedó triste y desolada para siempre porque nadie quiso probar sus encantos.
Hay mucho por hacer para que esta historia tenga un final feliz.

La verdad es que sí queda mucho por hacer. Reconozco que me cuesta escuchar música clásica. Me parece buena idea lo del nombre !! A ver si saco tiempo y escucho música MÁGICA !!
ResponderEliminarveo difícil lo del final feliz...
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