miércoles, 18 de febrero de 2009

Lo cercano

¿Por qué nos empeñamos los españoles en interpretar obras solo de Bach, Beethoven o György Ligetti y no apostamos por los compositores españoles? Nosotros somos quienes tenemos que presentar a nuestros grandes artistas al mundo. En el anterior post hablaba de Turina, pero son tantos más...

Partiendo de la base de que nadie sabe más de una cultura que quien vive y se empapa de ella, nadie será capaz de interpretar una obra española como un español. No soy partidario del proteccionismo musical, de explotar solo lo nuestro y olvidar lo de fuera. El enfoque es diferente: abramos los ojos al extranjero pero demos vida a toda la música española que yace en tristes bibiliotecas, sin más objetivo que abultar en la estantería de turno. Además, sería más fácil para el espectador entender la obra porque es algo que, por pertenecer a su cultura, conoce y siente como más suyo. Ese sería el punto de partida en el viaje a Músicas Mágicas de otros lugares.

Nos centramos en montar obras de Bach y otros grandes compositores (cosa estupenda), pero no hacemos mucho caso de lo que tenemos aquí.

En el cuento del primer post queríamos que el final fuese feliz y hacemos poco por arreglar lo español... Lo primero que tenemos que hacer es defender lo nuestro: conservatorios, academias, composiciones...la música española, en general.

Creo que deberíamos conocer mejor toda la música española para poder llegar a entender a qué nivel nos movemos con respecto a Europa; debemos saber qué pasa en nuestra casa para compararla con la del vecino; es nuestra responsabilidad "barrer para dentro" para, conociéndo lo nuestro, vayamos madurando en algo tan necesario para el entendimiento humano como la músisa mágica.

En definitiva y con todos mis respetos (faltaría más), dejémonos de tanto Bach y compañía y...
¡¡¡Que vivan Toldrá, Turina, Falla, Bretón, Victoria, Cabezón, Granados, Chueca... !!! (pero son tantos más...)

Miramos solo de reojo algo que es muy nuestro: la Música Mágica Española

martes, 10 de febrero de 2009

Joaquín Turina: Trío número 2 en sí menor, Opus 76, para piano y violín y violonchelo

“No existe vértigo mayor que el que produce una cuartilla de papel en blanco. Aquellos pentagramas dispuestos a que los rellenen con notas tienen cierto semblante burlón que produce, cuanto menos, respeto.” J.Turina.

Turina: de la “Orquestina” al músico genial que llegó a ser, dejándonos obras como el Trío número 2 en sí menor, Opus 76, para piano y violín y violonchelo, que os invito a escuchar en cuanto podáis.

Fecha de composición:19 de julio de 1932 al 6 de febrero de 1933.
Intérpretes del estreno: Trío Neerlandés.
Lugar del estreno: Stadsschouwburg, de Groninga (Holanda).
Fecha del estreno: 17 de noviembre de 1933.
Dedicatoria:
A monsieur Jacques Lerolle.

El primer movimiento se presenta en la intimidad. Como quien está abriendo una caja misteriosa y no sabe qué se va a encontrar. “No tengas miedo” le dice Turina al espectador que, por definición y necesidad, está expectante ante lo que se le aproxima. “Abre la caja, no temas, lo que hay dentro es música, es bueno” añade el maestro. Así es: el violín y el violonchelo cantan un precioso tema que vuela a lo más alto; el piano, para no ser menos importante y tratado con la maestría propia de Turina, presenta el tema de nuevo.
Como paloma jugando en el aire, repitiendo con elegancia sus movimientos, se presenta un tema ligero lleno de interconexión entre las diferentes voces que toman el tema principal. La calma y el sosiego se intercalan con el baile, para mostrar que en la vida hay tiempo para todo.
Como si de un cuento se tratase, vuelve la reexposición para indicarnos que es posible un final feliz en toda historia. Pueden pasarte muchas cosas pero Turina siempre te dice con decisión y coraje:“¡Bailemos!”; y cierra el movimiento con aire y energía.

En el segundo movimiento vuelve a nacer desde la imparcialidad. El piano es quien tiene más importancia. Violín y violonchelo presentan un relampagueo armónico que da tensión y produce un efecto hechicérico. Algo se cuece en la cabeza de Turina y puede que lo resuelva el tercer movimiento.
El tercer movimiento habla de otra cosa diferente. Abandona el intimismo mantenido en los dos anteriores. “Ahora, hablemos más claro” dice Turina. Las voces parecen más agitadas, pelín enfrentadas (si se quiere), o quizás no tan de acuerdo. Cuando el piano pasea por los graves (tiemblen las otras voces), el clima es misterioso y se crea una atmósfera diferente. Juega Turina con agudos y graves en el piano para presentar diferentes colores (no olvidemos que el maestro era un gran pintor y fue considerado como uno de los destacados de la Escuela Sevillana). Del mismo modo que en el primer movimiento, parece que concluye con un tema alegre o movido donde las voces parecen haber firmado un acuerdo tácito de amistad. Pero algo sucede y terminada dando un portazo y… ¡hasta mañana!.